Pues veme aquí, ve lo mucho o poco que queda de mí.
Aquí está tu padre amándote antes de tu nacimiento. No sé quién eres, no te conozco ni tu a mi, sólo hablo por hablar como siempre, no me hagas caso.
Tu abuela escribía antes de que yo naciera, escribía cartas sin destinatario y digo esto porque aún no las he leído. no sé por qué; tal vez hagas lo mismo conmigo: ley de la vida.
Acostumbramos seguir los patrones de nuestros antecesores sin darnos cuenta siquiera.
Te veo crecer en mi mente y me da miedo no ser quien tu esperas ver; las cosas aquí no siempre han estado bien, sólo hasta que me llegó la noticia de que vendrías, la vida se torno a otro modo.
Que gran problema tengo, aún no has nacido y ya te quiero adjudicar mis penas. Quiero gritarte que te amo, que me hacías falta, que lloro menos.
Quiero platicarte del abuelo, de mi abuelo, que más que mío sería tuyo, te amaría más que yo, porque lo único que el viejo tenía, era amor infinito que repartir; no me dió la vida porque llegó tarde, pero me dió más que eso, me dió la calma cuando todo a mi lado desfallece en temor, me dió un Padre Nuestro cuando el hambre apretaba e iglesias sin Curas para llorar de dolor.
Me dió amor cuanto pudo y como pudo, calor; una casa que ahora es tuya, llena de versos, música y mucho, mucho amor.
Aquí está tu padre escribiendo al alba, lleno de ron y pecado, deseando que nunca te parezcas a mi.
Aquí está lo bueno y lo malo en comunión con la noche, de fondo Beethoven y de Biblia Boudelaire.
La Flores del Mal, no son tan malas como dicen, algún día lo tendrás que leer.
En fin, aquí estoy esperando tu llegada como quien espera el tren del viejo amor, sólo que en este caso es el amor de mi vida, por quien me levanto en las mañanas y trabajo, por quien vivo desde enero para acá.
Serás mi cable a tierra, mis metas y demás; la tía Gabba también está esperando tu llegada, seas Regina o Santiago que más da.
Habrá que esperar a que crezcas para entender la realidad, no sé si sea bueno pero tendrá que llegar, hay veces que no nos gusta lo que vamos a escuchar, pero la historia es el camino por el que a veces hay que pasar.
Es difícil no lo niego, pero conmigo irás a cruzar montañas, ríos, mares y el cielo taciturno, lleno de lluvia de estrellas en Tepoztlán.
Quiero ser un gran padre, como el mío lo fué, quiero defenderte de los perros y enseñarte a correr, ir juntos de campamento, de farra y borrachera hasta que me digas: Sólo te aviso que hoy no vendré.
Te amo hija mía, no lo olvides nunca más. Eres esperada por todos, deseada por muchos y amada por papá y mamá.
Junio 2007.
martes, mayo 26, 2009
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)

1 comentario:
Todo era amor... amor!
No había nada más que amor.
En todas partes se encontraba amor.
No se podía hablar más que de amor...
Amor impostergable y amor impuesto.
Amor incandescente y amor incauto.
Amor indeformable. Amor desnudo.
Amor-amor que es, simplemente, amor.
Amor y amor... ¡y nada más que amor!
O. Girondo.
Publicar un comentario